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Mensaje de Pentecostés 2006

19 de mayo de 2006

En la fiesta de Pentecostés descripta en el segundo capítulo de los Hechos de los Apóstoles, el Espíritu Santo transformó a un grupo nada homogéneo de personas - muchas de ellas provenientes de tierras lejanas (Hechos 2:5-11). En febrero de este año, miles de cristianos y cristianas de cada una de las regiones del mundo vivieron una experiencia similar - una experiencia pentecostal - cuando participaban en la Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias celebrada en el sur de Brasil.  

Todavía resuenan en nuestros oídos y están presentes en nuestro corazón las oraciones y cánticos de la IX Asamblea General del Consejo Mundial de Iglesias en Porto Alegre. Partimos de la Asamblea con la certeza de que nuestra oración había sido escuchada: "Dios, en tu gracia, transforma el mundo".  

En el poder del mismo Espíritu que vino a los discípulos en el primer Pentecostés, en Porto Alegre nos comprometimos a continuar la búsqueda de la unidad cristiana, a buscar medios para cooperar entre nosotros en la misión y el servicio, y a vivir juntos en paz, especialmente mediante nuestro compromiso renovado con el Decenio para Superar la Violencia (2001-2010).  

Al tomar conciencia de la necesidad de mejorar la calidad de nuestras relaciones, al empeñarnos en vivir un ecumenismo relevante y creíble, y al esforzarnos por actuar juntos en el servicio y la misión, el evento del primer Pentecostés nos anima a abrirnos una vez más a la experiencia del Espíritu manifestada ese día, cuando los presentes tomaron conciencia de la nueva comunidad a la que desde ese momento pertenecían. Su nueva experiencia se manifestó en un entusiasmo compartido y en el sentimiento de nueva identidad y de pertenecerse los unos a otros y a Cristo en el poder del Espíritu. Y esto lo expresaron de diversas maneras de acuerdo con sus propias culturas y contextos.  

Fue también en el contexto de esa experiencia de Pentecostés que la palabra "Koinonía" (comunión, participación) aparece en el libro de Hechos de los Apóstoles (2:42). Leemos: "Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión (koinonía) unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones". Así, aquellos primeros cristianos y cristianas compartieron una comunión en fe y vida.  

Esta es la nueva vida de comunión que llega también a nosotros como un viento transformador, cambiando nuestro lenguaje, la forma de comunicarnos y de relacionarnos entre nosotros y con el mundo. Que Pentecostés sea para nosotros este año un tiempo de nuevos comienzos: de renovación de nuestro compromiso con Dios y de unos con otros, y de fortalecimiento de nuestro testimonio común al ofrecernos como servidores para la realización de la misión de Dios.  

La promesa y el desafío de Hechos 1:8 permanecen vigentes para nosotros: "Recibirán poder cuando haya venido sobre ustedes el Espíritu Santo, y me serán testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra".  

Pentecostés pinta un sugestivo cuadro de las dos fuerzas propulsoras del movimiento cristiano: el Espíritu y la Palabra. Este poder llega a los creyentes como un regalo del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (Hechos 2:33). La venida del Espíritu Santo crea la comunidad de los fieles y al mismo tiempo los capacita para comunicar el mensaje de salvación. Y la venida del Espíritu señala claramente el carácter inclusivo de la Gracia de Dios. El Espíritu Santo, que había hablado por los Profetas, ya lo había anunciado previamente: "Sus hijos e hijas profetizarán; sus ancianos soñarán sueños, sus jóvenes verán visiones..." (Joel 2:28 // 3:1 Nueva Biblia de Jerusalén).  

Regocijémonos, porque la presencia del Espíritu Santo es el regalo de Dios para toda la iglesia en Pentecostés, y respondamos juntos para juntos ser testigos de Cristo hasta lo último de la tierra.  

Oración:  

Dios de Gracia,
ven a nosotros, ven y camina con nosotros,
para que podamos caminar en tu gracia y paz.
Llénanos de esperanza, para que podamos romper las barreras.
Inspíranos en nuestro viaje ecuménico,
haciendo posible el encuentro y el diálogo,
Envía tu Espíritu para fortalecernos
en nuestra función profética de proclamar liberación.
Que tu Espíritu sea una suave brisa cuando necesitemos consuelo y seguridad.
Pero que sea fuerte viento
cuando estemos demasiado cómodos y debamos hablar con firmeza.
Que tu paz vivificadora entre en nuestros cuerpos y se exprese en acción,
en paz entre las personas, entre las iglesias y los líderes de las iglesias,
entre las religiones y entre las naciones y estados.
Que tu gracia, que transforma el mundo, nos inspire a unir nuestras manos
y declarar la libertad que da tu amor.
Derrama tus bendiciones sobre nosotros en nuestro caminar
anunciando la buena nueva de la justicia, el servicio y la aceptación.
Amén. 
 

Los presidentes del Consejo Mundial de Iglesias  

Patriarca Abune Paulos, Iglesia Ortodoxa de Etiopía
Rev. Dr. Simon Dossou, Iglesia Metodista de Benin
Rev. Dr. Soritua Nababan, Iglesia Cristiana Protestante Batak (HKBP), Indonesia
Rev. Dra. Ofelia Ortega, Iglesia Presbiteriana Reformada en Cuba
Rev. Dr. Bernice Powell Jackson, Iglesia Unida de Cristo, Estados Unidos de América
Sr. John Taroanui Doom, Iglesia Protestante Maòhi, Tahiti
Arzobispo Dr. Anastasios de Tirana y toda Albania, Iglesia Ortodoxa Autocéfala de Albania
Dra. Mary Tanner, Iglesia de Inglaterra