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Alegría y esperanza en los rostros al final de la Asamblea de Busan

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Alegría y esperanza en los rostros al final de la Asamblea de Busan

Participantes jóvenes en la sala de Madang. © Joanna Lindén-Montes/WCC

08 de Noviembre 2013

Por Elizabeth Aristizábal

Con un profundo agradecimiento a Dios por haberles dado la oportunidad de encontrarse en Busan, para conversar y tratar de hallar todos los caminos posibles para llegar a la paz y la justicia en el mundo, se despiden las iglesias reunidas en la X Asamblea, después de una emotiva oración de cierre.

La Asamblea que llega hoy a su décimo y último día --en los que ha congregado más de 4.000 personas, asistentes, delegados, entre jóvenes, mujeres, comunidades indígenas, afro descendientes, discapacitados, entre otros, de todos los lugares del mundo--, culmina con una gran satisfacción por las actividades realizadas y por los retos trazados para el futuro.

"Me pareció muy interesante por los temas, de hecho es mi primer asamblea. Creo que es algo extremadamente especial, que muchas personas, de todas partes del mundo puedan reunirse y puedan hablar e interesarse por otros, tener otras perspectivas y orar juntos, es algo muy especial", comenta Sandra Ulrike Miftustin, integrante de la Iglesia Evangélica Luterana de Württemberg, en Alemania.

El programa de la Asamblea ofreció distintos espacios relacionados entre sí, que incluyeron la vida en comunidad, las celebraciones, las discusiones, las sesiones de toma de decisiones y la oración; con estos espacios se buscaba que los asistentes tuvieran la oportunidad de intercambiar historias, testimonio común y experiencias  con personas de todo el mundo, compartiendo la extraordinaria diversidad del cuerpo de Cristo.

Para la Rev. Sarah Campbell, de la Iglesia Unida de Cristo, en nos EEUU, esta Asamblea fue una experiencia maravillosa. "Mi mente se abrió, mi mundo se expandió con este encuentro. Los espacios de oración, los plenarios, simplemente mi corazón se abrió y estoy muy conmovida con todo lo que se dijo."

Madang

Además de los plenarios centrales, el espacio del Madang fue uno de los más concurridos durante toda la Asamblea. Según los testimonios de los asistentes, este espacio fue una puerta abierta, no solo para conocer las problemáticas que afronta cada comunidad y las estrategias que están implementando para combatirlas, sino también para conocer un poco sobre la cultura de otras personas.

"Esta es mi cuarta asamblea. He estado en Canberra, Harare, Porto Alegre y aquí, cada una ha sido muy diferente y esta ha sido adorable", cuenta Garland Pohl Debner, de la Iglesia Católica Romana, de Texas.

"Cada asamblea ha tenido un espacio para compartir cada cultura, para compartir las experiencias y lo que se hace en cada región, este espacio siempre ha sido muy importante y estuvo muy organizado. Me voy muy impresionada de Corea, creo que este es un país hermoso y maravilloso, la gente es muy amable, respetuosa, te ofrecen las dos manos, te toman con las dos manos. El país es muy limpio y el sentimiento cristiano es muy vibrante aquí. En Norteamérica no es tan vibrante, y todo eso me deja muy impresionada", agrega Garland.

"Para mi ha sido muy importante haber logrado en el plenario sobre cambio climático, que la comisión decidiera apoyar un documento en contra de los oleoductos", dijo Sarah Campbell.

Los plenarios, los comités ecuménicos y la Asamblea en general, fueron espacios muy dinámicos y enriquecedores, comparte Pablo Waszuk Sa, de la Iglesia Metodista de Uruguay.

"Salimos con la esperanza de poder hacer algún cambio en la sociedad, en lo que está pasando, impulsado por la propuesta de justicia y paz. Fue una oportunidad en la que pudimos participar con gente de otras religiones, con gente de otra fe, pudimos ver cuáles son los posibles caminos para entendernos para aprender a convivir en paz", dijo.

Se pueden solicitar fotografías de alta resolución a través de photos.oikoumene.org.